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sábado, 1 de agosto de 2009

jueves, 5 de julio de 2007

Me uno!!

Justo antes de escribir este post leí la noticia en la que va cómo el bextia del correa (así con minúscula, como cualquier animal) insulta a la periodista Sandra Ochoa con las palabras "gordita horrorosa". No pues como el hombre es taaaan pinta (muchas mujeres lo creen, fuck off!).. El Alejo ya puso algo así que la noticia va como yo la encontré en yahoo noticias:

Correa llama a una reportera "gordita horrorosa"

QUITO (AFP) - La prensa ecuatoriana se solidarizó el lunes con una reportera a quien el presidente de Ecuador, Rafael Correa, llamó en público "gordita horrorosa" y juzgó la declaración como "prepotente", "peyorativa" y "salida de tono".
En su programa radial del sábado, el mandatario describió en esos términos a la periodista Sandra Ochoa, del diario El Universo, molesto, según él, por la "mala educación" de la reportera, que días antes lo había increpado por no responder a una de sus preguntas.
Correa criticó la actitud de la reportera llamándola "gordita horrorosa" en el mismo espacio en el que tildó a los periodistas ecuatorianos de "bestias salvajes", parafraseando al ex primer ministro británico, Tony Blair.
Los periódicos y canales de televisión reseñaron el episodio e incluso le dedicaron editoriales en los que hicieron referencia a las palabras de Correa, quien considera a varios medios como "opositores políticos" debido a sus vínculos con la banca. "Además de ser atentatorio a los derechos de una persona, (la expresión) revela una prepotencia impropia de cualquier mandatario, y menos de alguien que se dice socialista y constructor de una nueva ciudadanía", indicó El Comercio en su editorial.
Ochoa, por su parte, también lamentó que el presidente hubiera "utilizado dos adjetivos para reemplazar" su nombre y apellido, y consideró contradictoria su posición al recordar que el mandatario está en contra de los "mensajes mediáticos que afecten la dignidad" de las personas.
Asimismo, el presidente de la Unión Nacional de Periodistas, Juan Centurión, consideró equivocadas las declaraciones de Correa, conocido por su fuerte temperamento y ácidas críticas a sus contradictores. "Rechazamos esas expresiones por referirse en términos peyorativos a los periodistas", indicó el dirigente.

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Hasta aquí la noticia. Qué se cree este imbécil, que el ser el presidente de la república le da la facultad de tratar a los demás como NO quiere que lo traten a él??? Bien dicen que la forma de descubrir a los prepotentes y déspotas es darles poder..

domingo, 20 de mayo de 2007

Cada vez da más asco...

Aquí la grabación fresquita de la última pelea del rafaelito...parece que se quiere cargar en serio a la prensa, pero no por nada la denominan como EL QUINTO PODER


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jueves, 19 de abril de 2007

"¡Correa, deja de hacer cagadas!", parte 2

OK, retomando la historia, me tocó salir de la Fiscalía hacia el hospital Eugenio Espejo para que me hagan un examen médico de verificación. Probablemente se pregunten para qué hacen esto...es para comprobar que iba a entrar al tarro en buen estado de salud, sin signo alguno de tortura o acoso por parte de quien me detuvo, es decir la policía. Mientras estábamos yendo al hospital, el subteniente (el jefe de la patrulla) recibió una llamada de la oficina de enlace de la presidencia de la república ordenándole que detenga todo el proceso y me deje en libertad. Claro, uno diría que sería mejor olvidar todo el asunto, pero los manes me impresionaron con su sentido de responsabilidad al negarse a hacer eso y seguir por los canales normales del proceso, que si bien estaba viciado de inicio, debían continuarlo.

Al llegar, tuvimos que esperar más o menos una hora, porque justamente ese día hubo un accidente de bus (qué raro, buseros de la reputa que los parió) que había causado que el área de emergencias del hospital se llene, y la doctora jefa de la estación estaba ocupada en menesteres más importantes que firmar el papelito para que me metan definitivamente al CDP.

Mi pana con el que me encontré y que ya se había encargado de guardar el carro en mi casa me fue a ver al hospital y estaba ahí acolitando y dando apoyo moral. Desde ahí, yo estaba realizando llamadas a diestra y siniestra, con mi abogado, mi vieja, un par de amigos, mi médico y un amigo de mis viejos que es congresista. Finalmente, un par de practicantes en el hospital (de los cuales la chica estaba bastante guapa) me hicieron el examen. Me revisaron todo el cuerpo y la cabeza en busca de hematomas o signos de golpes. Pasé normal en todo, excepto que tenía un poco de deshidratación, me imagino que por la ansiedad del momento. Ese rato nos pusimos en camino hacia la Policía Judicial, donde mi abogado y un primo que es policía me esperaban. Al llegar me condujeron a un cuarto donde había 2 pacos con 3 mancitos que realmente se veían como delincuentes y me quedaban viendo a cada rato como que estuvieran viendo a E.T.

Ya me estaba preparando para pasar la noche ahí en algún calabozo de la PJ, haciendo una lista mental de todo lo que tenía que encargarle a mi vieja: el celular, la billetera, el reloj, la tarjeta magnética del laburo, y etc etc etc. Luego de unos minutos en ese cuarto, me llamaron hacia el escritorio del secretario de ahí, que dijo que no podía recibirme porque no había cometido ningún delito, y que por lo tanto mi detención no podía ser legalizada. Mencionó que yo le podía haber dicho al rafaelito incluso de qué se va a morir, pero no me podían meter al bote por eso, y que lo que hice podía ser considerado apenas como una contravención, y que en ese caso lo único que se podía hacer es que me lleven a una comisaría para ver qué sanción me iban a dar. Saliendo de ahí, mi vieja, mi hermana y algunos amigos ya estaban ahí. Se corrió el rumor que yo había estado tomado mientras había gritado, gracias al comedimiento de una dizque abogada que estaba ahí, y que la verdad si la veo alguna otra vez le romperé la cara por repartir rumores falsos.

Sucede que la comisaría de turno era la Nº 2, sobre la Av. 10 de Agosto y Checa. Fuimos allá, y no pude parar de cagarme de risa el rato que vi la vaina cerrada, con triple vuelta de cadena y candados, y por supuesto, una bandera enorme de la lista 35 colgada en una de las ventanas...Ese rato creí que ya me había salvado de pasar la noche encerrado, pero naranjas...por la radio pidieron información los chapas y tenían dos posibilidades, ya que estaba a cargo de ellos hasta que me dejen en algúna institución que disponga sobre mi libertad: o me dejaban en calidad de encargado en algún edificio de la policía o me tocaba dormir en el patrullero durante el turno de los manes. Se decidieron por llevarme a un mini centro de detención que tienen en la avenida 24 de mayo, en el edificio de la ex-cervecería Victoria. Ahí los manes les dijeron que no me podían meter en ninguna celda y si tenía que quedarme, tendría que dormir en la oficina del retén, usando el único sofá disponible...eso a la final tocó hacer...mi vieja y mi primo que es policía me dejaron "bien recomendado" con los oficiales y tropas que tenían que hacer turno esa noche. Menos mal que se había acabado ese ping-pong que estaban haciendo conmigo entre la PJ, la comisaría que nunca se abrió y la fiscalía.

Mi familia se fue y me dejó no más ahí, porque al día siguiente tendríamos que ir tempranito a una comisaría para que me dicten sentencia. El plan consistía en que la comisaría no miraría siquiera mi caso porque no existía delito, entonces tenían que mandarme a la intendencia de policía para que me dicten sanción a la contravención. Sin embargo, si el parte no llegaba temprano, me tendrían que retener al menos uno o dos días más.

Al final del día, uno de mis mejores amigos, autor intelectual de este blog, me fue a ver al lugar de detención y me hizo compañía hasta antes de irme a dormir..ahí pasamos hablando como una hora, de cualquier huevada que se ofrecía. Él se fue y yo me fui a ver el final del partido del Emeleshh, que perdía con el Inter 2x1...mi vieja, tan bacana que es, me había dejado bien provisto con colita, agua, unos doritos, una manzana y galletas, para pasar la noche. Los pacos ni de fundas se esperaron que les comparta todo, y nos quedamos hablando hasta que hicieron cambio de guardia a las 12am. Ese rato me fui a dormir al sillón chueco de la oficina de los chapas, con una cobija chiquita que era en realidad un poncho delgadito de la esposa de mi primo, que era lo único que me dejaron para abrigarme.

De nuevo, ya estoy con sueño, así que la 3a y última parte se los contaré mañana.

Nos vemos!

miércoles, 18 de abril de 2007

"Correa, deja de hacer cagadas!", parte 1

Se te está conociendo verdaderamente ahora, bacalao!

Martes 10 de abril, 6:50 pm. Yo estaba saliendo de mi trabajo y enfrentándome al tráfico habitual de hora pico por la avenida 6 de diciembre. Me dirigía hacia el parque de La Carolina para jugar pelota con unos amigos, uno de los cuales marchará esta semana hacia Abu Dhabi y China, por una jugosa oferta de trabajo, e iba a ser una pequeña despedida para él, con quien nos conocemos desde el kinder. En fin, yo iba rodando en el carril izquierdo de la 6 de sur a norte, cerca de la Portugal, totalmente solo y escuchando un poco de música.

En eso, se comienzan a escuchar las típicas sirenas que anuncian el paso de alguien "importante" (por no decir un pelele que se cree muy importante porque tiene una colmena de chapas y gorilas que lo protegen). Yo, como todos los conductores a mi alrededor, ni nos mosqueamos porque sabíamos que estos "señoritos" tienen la corona de circular por el carril de la Ecovía, a velocidades insanas y sin respetar los semáforos.

Algunas semanas atrás, pasando por la misma avenida pero en camino al laburo o a la U, nos pasó por un lado la caravana presidencial, con el Rafaelito, muy orondo con su sonrisa de hornado a punto de que le pasen el soplete. Al man le van resguardando siempre 4 motos de la escolta policial, 7 autos entre patrulleros y los típicos jeep o SUV Rodeo sin placas y con vidrios polarizados, que son parte de nuestra copia barata de la STASI. Sobra decir que el A1 siempre va en su limosina Lincoln Town Car negro con la ventana abierta, me imagino que para recibir halagos y lambisconerías de cualquiera que vaya pasando.

Al ver en el retrovisor del carro el mismo Lincoln Town Car que ya sabía a quién transportaba, no me aguanté las ganas. Creo que en este blog se ha repetido hasta la saciedad mi posición acerca del presidente del Ecuador y sus actos, pero la mejor forma de oponerse a algo o alguien es enfrentarlo, y con esto no quiero decir batirse a golpes o meterle un tiro, sino manifestar lo que a uno le molesta y lo que piensa.

Hice precisamente lo que menciono en el párrafo anterior. Bajé la ventana y cuando el carro de Mr. President pasó por al lado mío, con la ventana bajada, grité "¡Correa, deja de hacer cagadas!", con todo el propósito de que el man me escuchara. Ese rato,solo vi que dentro del auto alguien señalaba hacia mí, pero la caravana siguió su camino cual si nada. Yo me mantuve en el carril izquierdo, y esperando que la congesión en Naciones Unidas y 6 de diciembre amaine para poder curvar hacia el parque.

De pronto, me doy cuenta que había un policía entre el carril izquierdo y el del medio, que parecía estar buscando a alguien. Simplemente pensé que estaba dirigiendo el tráfico, bastante pesado a esa hora. Todos los carros a sus costados pasaban, y él no dirigía el tránsito. Ese momento empecé a sospechar que a quien realmente buscaba no era otro que a mí. No me equivoqué en lo absoluto.

Señales de que me detenga, en media avenida y con 50 carros atrás

-Buenas noches, ¿por qué me para?
-Licencia y matrícula.
-De acuerdo, déjeme sacarlas del baúl, porque dejé mis documentos ahí. ¿Por qué me paran?
-No sé, tengo órdenes de la central.
-Tenga, pero necesito saber su nombre y rango.
-...
-Nombre y rango, por favor.

El tipo se aleja y me hace señas para que me parquee al frente del estadio. Comienza a transmitir todos mis datos por el radio. 10 minutos después, no se acercaba. Lo seguí en el carro hasta donde estaba.

-Por qué me detiene? Tengo derecho a saberlo!
-No puedo decírselo, son órdenes de la central.

El tipo se aleja unos 50 metros más y seguía hablando por el radio.

El tiempo seguía transcurriendo y yo seguía ahí parado, con un supuesto policía que a pesar de estar uniformado como tal, no tenía placa de nombre en el pecho ni la talla de un policía. Medía cerca de 1,90, cabello castaño corto, colorado, bigotes y porte extrañamente marcial. Me tuvo esperando alrededor de 40 minutos, durante los cuales llamé a mi pana para avisarle y llamé a mi abogado, quien me instruyó que bajo ningún motivo me baje del auto y me preguntó si había más gente vigilándome, a lo que respondí que no.

De pronto, veo que por el mismo carril del trole llega un patrullero y a continuación dos más. Se parquean sobre ecovía en la parte que se desvía para entrar al Quicentro. Se comienzan a entrevistar con este chapa motorizado que me detuvo y simplemente se miraban con extrañeza. Esta "entrevista duró al menos 10min más. Luego de eso, los patrulleros se dieron la vuelta y se pusieron detrás de mi carro. Se bajaron dos oficiales mujeres y un varón del un patrullero, y el resto eran varones.

Todos rodearon el carro y una se acercó a preguntarme que por qué me paraban. Le informé lo que había pasado y los manes sólo se miraban con extrañeza. No dijeron nada en contra y más bien gastaron un par de bromas. Yo estaba preocupado por el carro. Me comencé a sentir como un terrorista al que lo apresan antes de detonarse la bomba. Me querían llevar y eso estaba visto. No sé cómo, pero de pronto asomó un amigo mío al lado del carro, que me había visto rodeado por patrulleros y bajó a averigüar algo. Mi pana trataba de hacerle la conversa pero el mancito no se dejaba para nada y sólo respondía que la central le había ordenado eso. Antes de que lleguen los patrulleros, yo insistía con lo del nombre, hasta que el man me dijo ser un subteniente Núñez. Ahora, la primera cosa extraña: cuando les mencioné a los policías sobre si su compañero había dicho algo, ellos sólo dijeron que el man no era para nada policía, sino de ley era de estos gorilas asalariados con nuestra plata.

Luego, llegó otro patrullero y los policías que se bajaron me manifestaron directamente que me iba detenido por haber faltado de palabra al excelentísimo señor don presidente de la república del Papel Carbón. Yo les mencioné que no me iba a bajar del auto hasta que no sepa quién ordena la detención, las identidades de quién me detiene y el cargo que se me imputa, por supuesto, invocando también mi derecho a la libre expresión. Se dieron cuenta de que no iba a ceder en ese aspecto (además, por orden de mi abogado) y me doraron la píldora con que no iba detenido, sino solamente a declarar a la Fiscalía. Yo me bajé del carro...Silly me.

Los acompañé a la Fiscalía, de buena gana y conversando un rato con los manes. Llegamos y me presentaron frente al fiscal.Ahora viene lo raro. Según el artículo 24 de la Constitución, mencionado en un post anterior, yo tenía todo el derecho de presentarme a declarar acompañado de un abogado contratado o uno designado por el Estado. El tipo escuchó solamente las opiniones de los policías, y la mía para nada. Ese rato declaró que sí es procedente que vaya a la cárcel, sin que siquiera haya dicho algo para defenderme. Yo protesté pero los pacos me sacaron de ahí y fuimos rumbo al hospital Espejo, para que me saquen un certificado de estar gozando de plena salud.

Hasta ahí el episodio 1, pero eso sí les recuerdo que toda la situación duró hasta el siguiente día. Publicaré el resto del asunto mañana, que este rato ya estoy en autopilot.

Chau!

lunes, 16 de abril de 2007

El Gran Hermano ya vive en Estados Unidos y tiene su lista negra

¿No les daría miedo vivir en una sociedad que lentamente se está volviendo en uno de los peores delirios que George Orwell tendría? Léanse esta noticia que salió en Wired . Disculparán que no mande la noticia traducida pero da pereza hacerlo.

U.S. Watch Lists Sow Frustration and Fear

For years, Elizabeth Kushigian never had a problem flying back-and-forth to Costa Rica, where she runs a local micro-lending nonprofit. But in 2004, she suddenly found it impossible to re-enter the United States without being ordered into a special isolation room at Miami International Airport. There, she'd wait for extra scrutiny.

"I was in the line where you come in and stamp your passport, and each time they would scan the passport and look at (the) screen and stiffen," Kushigian says. "I was on some sort of list. I don't know why; it could have been because of something I did in the '60s and in the early 1980s, I did some civil disobedience on behalf of El Salvador."

Kushigian is just a member of a growing club of American citizens whose lives have been touched by a slew of government watch lists proliferating with little oversight or redress mechanisms since the 9/11 attacks. Containing, by some estimates, hundreds of thousands of names submitted by dozens of agencies, the lists have not only snagged people like Kushigian -- who wind up on them for mysterious reasons -- they've also stigmatized and inconvenienced thousands of others whose names happen to be similar to an entry on the list.

The issue returned to national debate last week after one of the nation's most respected constitutional law professors was told by an airline official that he'd been placed on a watch list for his criticism of the president, a claim that U.S. officials deny.

Kushigian's hassles at the airport ranged from minor delays to full-blown interrogations. The second time she was pulled aside at the border, officials with the Bureau of Immigrations and Customs Enforcement demanded to know how she could afford to travel on her salary. When she explained that she'd inherited money from her father, they peppered her with questions about what his factory used to make, and what charities he donated to.

"It was unnerving sitting in that little room even for a short period of time, Kushigian says. "You get a sense of what people who are not senators and not citizens go through."

Kushigian tried to figure out why she'd been targeted by filing a Freedom of Information Act request, but learned nothing. Then she turned to her elected representatives in Massachusetts, including Sen. Ted Kennedy, who himself was famously fingered by a watch list in 2004. Eventually Kennedy's office sent along a letter signed by the head of Immigration and Customs, which said in part: "With respect to Mrs. Kushigian's specific situation, we are pleased to report that action has been taken in order that she not be subjected to automatic special attention when arriving at U.S. Ports-of-Entry."

Kushigian was one of the lucky ones: Winning even a tacit acknowledgement that she was on a list is a rare victory over the federal homeland security bureaucracy. Tens of thousands of travelers have applied to get help from the Transportation Security Administration, which now has three lists: a no-fly list of persons considered too dangerous to be allowed on a plane or cruise ship; a selectee list of people who must undergo extra screening to fly; and a white list of persons who have names similar to those on the other lists, but who are not threats.

The last publicly reported tally of the no-fly and selectee lists in October 2006 put the combined number of names at 119,000. The current number is a closely guarded secret, but Homeland Security officials announced earlier this year that it cut the no-fly list in half after hand-reviewing the names, which are submitted by a hodgepodge of U.S. intelligence agencies.

Despite that, last month constitutional scholar Walter F. Murphy, McCormick Professor of Jurisprudence Emeritus at Princeton University, found himself unable to check in curbside at a New Mexico airport. A check-in clerk with American Airlines told him it was because he was on a "terrorist watch list," Murphy says.

"One of them, I don't remember which one, asked me, 'Have you been in any peace marches? We ban a lot of people from flying for that,'" recalls Murphy. "I said, 'No, but I did give a speech criticizing George Bush,' and he said, 'That will do it.'"

Incensed at the thought that the administration was using an anti-terrorism measure for political purposes, Murphy publicized his run-in through a prominent law blog, Balkinization. His accusations lit up the comment boards on several influential websites.

The evidence remains thin that Murphy was actually on a watch list -- he was able to get a boarding pass on his return trip -- but the incident shows how the watch list programs have put their imprint on America's consciousness. It's in the very nature of secret watch lists to induce paranoia, says Lee Tien, an Electronic Frontier Foundation lawyer and longtime critic of government watch lists.

"If (the lists) weren't secret, you would know if you were on one and you would be able to scream about it," Tien says. "Without accountability, they will be stupid or evil; and without transparency, there's no way to tell the difference."

Following a string of high profile cases of watch lists snaring innocent travelers -- ranging from U.S. armed forces personnel, to prominent politicians and nuns -- the Department of Homeland Security launched a website in February to help out people who are wrongly matched with names on the list. Travelers can fill out a complaint form online, and so far, 3,700 people have applied for help.

That's a big change for the government, which didn't even admit that it had a no-fly list until fall of 2002. The existence of a second list, known as the "selectee list", was also kept secret until it surfaced in documents obtained under the Freedom of Information Act by the Electronic Privacy Information Center, and first reported by Wired News.

Those lists also largely derived from the "unified terrorist watch list," a blend of information from intelligence agencies and the FBI that's also shared with the FBI's National Crime Information Center. The NCIC database is queried nearly any time a cop or county sheriff makes an arrest or pulls someone over for speeding.

The Treasury Department runs a separate list known as the OFAC list (short for Office of Foreign Assets Control), which is the only published government anti-terrorism watch list. The 250-page long list includes organizations and individuals with which American companies are prohibited from doing business.

While there are almost no American citizens on the OFAC list, it is routinely used during home purchases, credit checks and even apartment rentals, and has caused people with common Latino and Muslim names to be denied mortgages for having a name that only vaguely resembles a name on the list, according to a recent report (.pdf) from the Lawyers' Committee for Civil Rights.

The transparency of the public OFAC list is a double-edged sword: Unlike the other watch lists, people can easily determine if a name similar to theirs is on the OFAC list. At the same time, because it's unclassified and published, the OFAC is widely used by companies that run background checks. The potential for of civil liberties abuse is high, says Shirin Shinnar, who wrote the LCCR report.

"If you are denied an apartment or a job, you often aren't told at all why -- let alone that it was because you were identified as a possible terrorist," Shinnar says.

Just as murky is the question of how useful the lists actually are. The Transportation Security Administration refuses to provide any statistics on whether the lists have ever prevented any known terrorist from boarding a plane.

For its part, the Terrorist Screening Center, which compiles the unified terrorist watch list created by a 2003 presidential directive, did not respond with a request for comment. But a 2005 Inspector General report (.pdf) found the center's database of hundreds of thousand of records was plagued with technical difficulties and inaccurate entries.